Conflictos en el aula, ¿cuáles son las mejores vías de resolución?

El conflicto, entendido desde el punto de las relaciones humanas en el ámbito educativo, es la situación puntual o prolongada que dificulta la convivencia de un grupo. El conflicto genera sensaciones en quién lo sufre —pueden ser una o varias personas al mismo tiempo— emociones y sensaciones negativas como estrés, ansiedad, malestar, tristeza, apatía o soledad, entre otras. Y en el grupo suele derivar en un mal ambiente en el que pueden proliferar las faltas de respeto y, en casos extremos, incluso la violencia, además de dificultar de forma muy sensible el proceso de enseñanza-aprendizaje. Habitualmente, los conflictos se dan en mayor medida entre alumnos en el aula, pero también puede ocurrir que tengan al profesor como uno de los elementos protagonistas del mismo. En ambos casos, aunque la situación sea distinta y, por ende, requiera un tratamiento diferente también, el objetivo del docente debe ser, más allá de la prevención, la detección precoz y posterior actuación para encontrar una solución y ponerle fin al problema. Sobre el papel, puede parecer sencillo, pero no lo es tanto.

Los conflictos son uno de los retos más complicados a los que se debe enfrentar el profesional de la educación. Y dado que no se dan en pocas ocasiones, es imprescindible que sepa cómo afrontarlos de la manera adecuada. No ya solo para que no vayan a más y se pueda reconducir la situación, sino para que incluso puedan suponer un aprendizaje para el grupo en cuestión y una oportunidad para tender puentes y abrir nuevas puertas a relaciones que no se estaban produciendo en el aula hasta el estallido del conflicto. La experiencia, por supuesto, ayuda, pero lo más importante es tener claro cómo se puede atajar.

Estos consejos son algunas de las claves en la resolución de conflictos en el aula aplicados por el equipo de profesionales de Agora Andorra international School:

  • Trabajar la prevención: no hay mejor manera de resolver un conflicto que evitar que este aparezca. Y, aunque nada es una garantía de que no vayan a ocurrir en el aula, un buen ambiente de convivencia es la solución más efectiva para limitar el riesgo de conflicto. Una forma de conseguirlo es a través de la observación de las individualidades y microgrupos que se generan en el aula, y en base a ello, actuar de manera individual con los que a priori pueden ser alumnos más conflictivos. ¿Cómo? Haciéndoles sentir parte importante del grupo, trabajando el refuerzo positivo y sus habilidades emocionales y sociales.
  • Dinámicas de resolución de conflictos: Por otro lado, también se puede trabajar de manera anticipada el conflicto con el grupo al completo. Se pueden establecer dinámicas de resolución de conflictos y simulaciones de situaciones reales para ayudar a los alumnos a entender y gestionar este tipo de contextos negarlo si en el aula. De este modo, cuando ocurran los conflictos, si lo hacen, tendrán herramientas y referencias previas para enfrentarse a ellos.
  • Normas básicas de convivencia: no se trata de generar un ambiente estricto ni jerárquico, pero en toda convivencia hay una serie de límites que no se deben cruzar por el bien del grupo. Por ello, es recomendable establecer una serie de normas al comienzo de la unión del grupo. Deben de ser pocas, claras, concisas y realistas además de efectivas.
  • Practicar la escucha activa y la mediación: para poder prevenir y detectar un conflicto en el aula son atributos imprescindibles en el profesor la observación, la escucha activa y, cuando corresponda, la mediación. La escucha activa es esencial porque es inviable generar un espacio seguro que favorezca el diálogo si el profesor no demuestra a sus alumnos que les escucha con interés. Y la mediación es un arma poderosa si se ataca el conflicto a tiempo de lo que sea. Para que así sea, la observación, la paciencia y la determinación son virtudes de gran ayuda.
  • La comunicación fluida: como en la crianza, es esencial que en el aula exista un clima amable que favorezca la comunicación y potenciar además que esta sea multidireccional. Es decir, que se construya una “autopista” de comunicación entre el profesor y los alumnos en la que el coche para recorrerla sea el diálogo y en la que el punto de llegada sea el acuerdo. Y al mismo tiempo, proponer dinámicas y actividades que fomenten la comunicación entre todos los miembros del grupo y que les ayuden a los alumnos a mejorar sus habilidades comunicativas. El aula debe ser una especie de foro en el que nadie tenga miedo a expresarse. No es una utopía, ni mucho menos, conseguilo.
  • Acompañamiento: no solo las tutorías son una forma de acompañamiento al alumno; este debe tener continuidad a lo largo de todo el curso escolar. A veces, el momento ideal para que el estudiante comparta se genera en un espacio más relajado o improvisado. En cualquier caso, es clave que el docente entienda que debe conseguir que todos sus alumnos se sientan acompañados. Y para ello es vital que encuentre los momentos adecuados para interesarse por su alumno, para ser proactivo.
  • No enjuiciar: más allá de las citadas en las claves anteriores, existen ciertas habilidades que un docente debe trabajar para mejorar su capacidad a la hora de resolver conflictos en el aula. Por ejemplo, no enjuiciar a sus alumnos. Sobre todo, cuando no ha sido testigo en primera persona del desencadenante del conflicto. En este sentido, la pregunta es la mejor herramienta que existe para el docente.
  • Educación emocional: empatizar con el alumno que se siente víctima de un conflicto es esencial para conectar con él a nivel emocional y poder ayudarle a mejorar su situación en el aula. Pero también lo con el causante del conflicto, puesto que no siempre es consciente de ello. Esta clave entronca con la de no juzgar.
  • Coordinación: a las habilidades del docente conviene sumar para ser más eficaces en la resolución de conflictos en el aula el trabajo coordinado con el resto de profesores del grupo donde se esté produciendo el enfrentamiento. Comparte con ellos el problema y también la posible estrategia para resolverlo. De esta forma, se podrá afrontar el conflicto de una manera transversal y las probabilidades de conseguir ponerle solución serán mayores.
  • Seguimiento: el acompañamiento no es solo imprescindible como forma preventiva de conflictos, sino que lo es también a posteriori. Es lo que podemos llamar como seguimiento, la capacidad del docente para no descuidar un conflicto ya resuelto.
09 / 06 / 22