Mindfulness para niños: ejercicios para trabajarlo en clase | Agora Andorra International School

«El mindfulness es un método para conseguir la atención plena, centrándonos en lo que está sucediendo aquí y ahora, aceptándolo sin más, sin intentar cambiar ni juzgar nada. Su significado es plena conciencia». Así definen la palabra mindfulness desde el Instituto Europeo de Psicología Positiva.

El diccionario Merriam-Webster define la ‘atención’ como «el acto consistente en centrar la mente en algo». «Todo el mundo sabe lo que es la atención. Es la toma de posesión, por parte de la mente, y de una forma vívida y clara, de uno de los muchos objetos simultáneamente posibles o sucesión de pensamientos… Implica alejarse de ciertas cosas para abordar eficazmente otras», prosigue William James en su libro ‘Principios de la Psicología’.

Pero, ¿Por qué explicamos, primero, qué es el mindfulness y, después, el significado de la palabra atención? Pues precisamente porque ambos conceptos van muy de la mano. Para poder acceder al estado que persigue la atención plena, o mindfulness, hace falta mucha atención y, sobre todo, mucha concentración. ¿No crees que esto tenga mucho que ver con la infancia?

Continuamente pedimos a los niños atención: “atiende en la escuela”, “atiende a tu padre”, “presta atención a tus tareas y no te distraigas con otra cosa”, “mientras comes tienes que estar atento al plato”… Son muchas las expresiones que todo progenitor dicta en algún momento al niño, sea de la edad que sea. Le pedimos que atiendan, que presten atención pero, ¿le hemos enseñado cómo se hace?

«Lo que pedimos a nuestros hijos es algo muy difícil, porque para prestar atención a una sola cosa, una persona debe ser capaz de filtrar una enorme cantidad de elementos: todos los estímulos externos y todas las ideas, los pensamientos, las emociones y los recuerdos internos», asegura Jennifer Cohen Harper en su libro Pequeño Yogi.

Mindfulness para niños: beneficios infinitos

Los beneficios que aporta la atención plena sobre el desarrollo infantil son muchos. Vamos a nombrar, a continuación, algunos de ellos basados siempre en las conclusiones de varios estudios científicos.

Sin ir más lejos, un estudio llevado a cabo por una investigadora de la Universidad de Toronto concluyó que practicar la Atención Plena día a día consigue mayor autocontrol emocional, en comparación con las personas que no lo hacen. Podríamos trasladar este resultado a la etapa infantil: ¿significaría eso que los niños que practican mindfulness habitualmente tienen más facilidad de autocontrol, también, a la hora de desarrollar rabietas? Probablemente, aunque no estaría relacionado con experimentar menos rabietas, sí podríamos relacionarlo con la capacidad del pequeño para gestionarlas de manera calmada.

En relación a ello cabe hablar de una investigación llevada a cabo por los profesionales del Hospital Pediátrico Johns Hopkins, en Estados Unidos. Como parte de la misma implementaron un programa de 12 semanas con niños con situaciones de riesgo asociadas al trauma. ¿El objetivo? Practicar mindulfness.

Los resultados evidenciaron una disminución de la negatividad y reducción de los niveles de ansiedad.

Además, es perfecto para aprender a concentrarse en una única cosa. «Existen varias investigaciones que aseguran que el simple acto de meditar, incluso durante 10 minutos al día si eres un novato, puede reducir significativamente la activación cerebral en regiones del cerebro que tienen a hacer que tu mente divague», explicaba hace unos años Hannke den Ouden, neurocientífica cognitiva del Instituto Doners para el Cerebro de la Universidad de Radboud, Países Bajos, a la BBC.

Por último, nombramos un estudio reciente que demuestra también los beneficios del mindfulness en niños con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Llevado a cabo por profesionales del Hospital Sant Joan de Déu, en Barcelona, demostró que los pequeños que practican mindfulness reducían los problemas de atención y mejoraban su conducta. «El mindfulness puede convertirse en una nueva estrategia de intervención eficaz para estos niños», aseguraban los autores.

Ejercicios de mindfulness para niños

Pero, ¿cómo podemos practicar y, sobre todo, enseñar atención plena a los más pequeños? Vamos con unos cuantos consejos para practicar mindfulness con niños en el aula.

  • A través de los cuentos: los cuentos son una herramienta muy interesante para trabajar cualquier cosa. También el mindfulness. Existen algunos, adaptados a la edad de los peques, que les ayudan a entender cómo han de practicarlo. Por títulos: ‘Tranquilos y atentos como una rana’ (Editorial Kairós), ‘La preocupación de Lucía’ (Editorial SM), ‘Cierra los ojos, Ona’ (Editorial Yoga Kids) o ‘Buenas noches, sueño’ (Editorial Edelvives) incluyen diferentes juegos, ejercicios y actividades divertidas para practicar la respiración consciente y que los niños aprendan a relajarse en momento de estrés o a la hora de dormir.
  • Enseñando respiración consciente a los más pequeños: ¿Sabías que practicar la respiración consciente ayuda a terminar con las rabietas? Para enseñar a los peques a respirar de manera consciente tomamos como base algunos ejemplos de respiración que propone Jennifer Cohen Harper en ‘Pequeño Yogi’. Respiración del globo: a grandes rasgos sería pedir al peque que infle un globo cada vez que esté agitado. La respiración que tiene que practicar al hacerlo le ayudará a volver a la calma. Respiración del corazón y el abdomen: poner una mano en el corazón y la otra en el abdomen y pedir que inspire y vea cómo su mano del abdomen se levanta y como se encoje cuando suelta el aire, intentando que el ombligo vaya hacia dentro (es una manera retórica de enseñar a los peques a respirar diafragmáticamente). «Recuerda a tu hijo que su respiración está bajo su control», asegura Cohen.
  • Tarro de la calma: Basado en la pedagogía Montessori, este frasco les ayuda a rebajar sus niveles de ansiedad. Para hacerlo tan solo habrá que meter purpurina en un bote con agua. Cada vez que esté enfadado, le pediremos que lo agite y, el hecho de ver cómo la purpurina vuelve a su estado natural, le relajará.
  • ¿Cómo va tu corazón? Sentaremos a los niños en una posición muy cómodo y le pediremos que se concentren en ver cómo late su corazón: rápido, lento… Poco a poco se irá concentrando en ello. A continuación, pondremos un poco de música relajante y le pediremos que vaya moviendo lentamente distintas partes de su cuerpo, mientras coge aire y lo suelta, observando cómo su tripa crece y se encoge.
  • Escucha la campana: básicamente consiste en escuchar atenta el sonido de un instrumento hasta que deje de sonar. Por eso, hay que usar instrumento que tengan gran vibración, como un cuenco tibetano, un armonizador o una campana.
19 / 01 / 22