Una de las máximas de Agora International School Andorra es el contacto con la naturaleza y hemos encontrado muchas razones para conectarla con el verano

¿Sabías que en algunos países del mundo los médicos recetan paseos por la naturaleza para tratar algunas afecciones como la ansiedad, la depresión o el estrés? Es el caso de Japón donde esta práctica se conoce como ‘shirin yoku’ o ‘baños de bosque’. Una técnica milenaria que aboga por dar una oportunidad a los beneficios de la conexión entre el ser humano y la naturaleza para curar y mejorar nuestro estado físico, psíquico y emocional.

Si son muchos los países del mundo que no dudan en apostar por ella en la edad adulta, ¿cuántos beneficios no reportará sobre los niños? Ellos están ínfimamente ligados a la naturaleza y todo lo que le rodea. Basta ver cómo disfrutan de los charcos, de la lluvia o de los pequeños animalitos que encontramos en los paseos para darse cuenta de lo que necesitan el medio verde.

Sin embargo, vivimos en la sociedad de las prisas y de las rutinas. En la sociedad en la que cualquier atisbo de tiempo libre conviene programarlo en nuestra agenda con, al menos, dos semanas de antelación. En una sociedad en la que cargamos a los niños de tareas y horarios y en la cual no quedan apenas horas para disfrutar de todo lo que nos rodea y que nos da la madre naturaleza.

Y, sin embargo, no son pocos los estudios científicos que han probado los beneficios de conectar a los niños con el medio natural.

Estamos inmersos en plenas vacaciones de verano y, seguro, estaréis disfrutando de unos días de descanso en familia. Por eso, desde Agora International School Andorra creemos que es la ocasión especial para volver a conectar a los niños con la naturaleza. Los beneficios están más que probados y, quizás, si comenzamos dando paseos en verano, podamos continuar la rutina durante el resto del calendario escolar y, así, evitar el ya conocido como ‘Déficit por naturaleza’.

Síndrome por déficit por naturaleza, un hecho probado

Este término fue acuñado en 2005 por Richard Louv en su libro ‘Los últimos niños del bosque’, aunque no se trata de ningún diagnóstico médico. «No está contemplado aún en ningún manual de medicina o psicología como tal, pero hace referencia a un conjunto de sintomatologías que tienen su origen en la escasa relación o contacto con el medio ambiente o la naturaleza», explicaba aquí Mónica Gonzalo, psicoterapeuta infantil en Psicólogos Pozuelo.

Un síndrome desencadenado de los grandes beneficios que la naturaleza contempla en la salud infantil y que la poca relación con ella puede desencadenar.

La vitamina D, necesaria para todo

De acuerdo a la American Academy of Pediatrics, la vitamina D es la responsable de ayudar a que el cuerpo absorba y retenga el calcio y el fósforo, necesarios para el crecimiento de los huesos. Sin embargo, la misma fuente asegura que en la actualidad los niños no reciben los niveles óptimos de esta vitamina, entre otros, porque no pasan el suficiente tiempo fuera de casa.

Y es que, la principal fuente de vitamina D es el Sol (basta tomarlo 15 minutos al día para estar sanos). Por lo tanto, esta sería una de las razones más importantes por las estar en contacto con la naturaleza en verano es una buena opción.

Eso sí, protegiendo bien a los niños contra las radiaciones solares.

La naturaleza mejora la microbiota infantil

Un grupo de investigadores de la Universidad de Helsinki descubrió hace no mucho tiempo que pasar tiempo en la naturaleza ayuda a fortalecer el sistema inmunológico de los más pequeños. En concreto, observaron que los niños que pasaban tiempo jugando en espacios verdes mantenían una microbiota cutánea e intestinal más sana. «La exposición a un entorno natural rico en biodiversidad puede reducir la epidemia mundial de enfermedades inmunomediadas», afirmaba uno de los autores del estudio.

El cambio climático, una amenaza que conviene luchar

Por último, pero no menos importante, está la amenaza del cambio climático. Sabemos que el mismo afectará a las generaciones venideras, empezando por los niños que ya han llegado al mundo. Y también sabemos que una de las mejores armas para combatirlo es, sin duda, la educación.

Aunque el cambio climático no tiene vuelta atrás, sí podemos reducir drásticamente sus consecuencias enseñando a los niños a respetar el mundo que les rodea y explicándoles por qué han de hacerlo. ¿La mejor demostración? Volver a conectarlos con la naturaleza, dando paseos por un parque, por un bosque, pasando unos días en una granja, en un camping o, incluso, cerca del mar.

Los niños han de saber por qué es importante que todo siga verde.

Pero también hemos de conectarlos con la naturaleza desde casa. ¿Cómo? Dando ejemplo sobre cómo cuidar el medio ambiente: reciclando, reutilizando, no desperdiciando y no consumiendo aquello que no sea necesario.

Y el verano, es la época perfecta para comenzar con el cambio.

13 / 08 / 21